jueves, 15 de octubre de 2015

¿Qué significa la hipótesis de muchos mundos?


Los teóricos que defienden la alternativa de la casualidad se han visto, por lo tanto, obligados a adoptar una hipótesis extraordinaria: la de «muchos mundos». De acuerdo con esta, nuestro universo sería solo un elemento más de una colección mayor de universos, todos reales, y universos existentes y no solo posibles. Para asegurar que en el concierto de mundos apareciera, por casualidad, un universo con condiciones propicias para la vida, se estipula que hay una cantidad infinita de universos en el conjunto (para que se realicen todas las posibilidades) y que las constantes y cantidades físicas se ordenan de manera aleatoria (para que los mundos no sean todos iguales). Por ende, en alguna parte de este concierto de mundos aparecerán solo, por casualidad, universos armónicamente ajustados como el nuestro. No debería sorprendernos observar condiciones precisamente-balanceadas, ya que observadores como nosotros solo existen en aquellos universos que están bien «puestos a punto».

El hecho de que científicos serios, deban sentirse forzados a recurrir a dicha hipótesis metafísica extraordinaria es una medida del grado a que estos clamores de «puesta a punto» exigen justificación. Paul Davies no hace mucho declaró que el caso a favor del diseño se mantiene en pie o cae conforme al éxito de la hipótesis de muchos mundos.

¿Qué se puede decir, entonces, de esta hipótesis? En primer lugar, debemos darnos cuenta que no es más científica ni menos metafísica que la hipótesis de un «diseñador cósmico». Como dice el teólogo y científico John Polkinghorne: «La gente procura pergeñar un relato de "muchos universos" en términos seudocientíficos, pero eso es seudociencia. Pensar que pudiera haber muchos universos con diferentes leyes y circunstancias no es otra cosa que una conjetura metafísica». Pero como hipótesis metafísica, la de muchos mundos es argumentativamente inferior a la del diseño, porque ésta es más simple. Según un principio conocido como la navaja de Ockham, no se deberían multiplicar las causas más allá de lo necesario para explicar los efectos. Y es más simple postular un diseñador cósmico para explicar nuestro universo que la de una colección infinitamente recargada e inventada de universos, como requiere la hipótesis de muchos mundos. Por lo tanto, es preferible la hipótesis del diseño.

En segundo lugar, no hay manera conocida de generar un concierto de mundos. Nadie ha sido capaz de explicar cómo o por qué dicha colección diversa de universos pudiera y debiera existir. Además, los intentos que se han hecho requieren también estar ajustados. Por ejemplo, aunque algunos expertos en cosmografía apelan a las llamadas teorías inflacionarias del universo para generar un concierto de mundos, el único modelo inflacionario consistente es la teoría Inflacionaria del Caos de Linde, la cual requiere una puesta a punto inicial para comenzar el proceso de inflación.

En tercer lugar, la hipótesis de muchos mundos enfrenta un grave cuestionamiento desde la teoría «de la Evolución Biológica», que es uno de los puntos de la cosmovisión científica.  Antes de continuar, un poco de antecedentes: durante el siglo diecinueve, el físico alemán Ludwig Boltzmann, propuso un tipo de hipótesis de muchos mundos para explicar por qué no encontramos el universo en un estado de «muerte por calor» o equilibrio termodinámico en el que la energía estuviera distribuida en forma uniforme por todo el universo. Boltzmann planteó la hipótesis de que el universo, en su conjunto, está, de hecho, en un estado de equilibrio, pero que con el transcurso del tiempo las fluctuaciones en el nivel de energía ocurren aquí y allá en todo el universo de manera que solo por casualidad habrá regiones aisladas en las cuales exista el desequilibrio. Boltzmann se refiere a estas regiones aisladas como «mundos».

No deberíamos sorprendemos al observar que nuestro mundo está en un estado de desequilibrio muy improbable dado que en el concierto de todos los mundos la probabilidad exige que algunos mundos estén en desequilibrio… y el nuestro es uno de esos mundos.

El problema de esta osada hipótesis de muchos mundos es que si el nuestro no es más que una fluctuación en un mar de energía difusa, sería muchísimo más probable que tuviéramos que observar una región de desequilibrio mucho menor que la presente. Para que existiéramos, una fluctuación menor, aunque solo fuera una que produjo nuestro mundo en un instante por un enorme accidente, sería muchísimo más probable que una progresiva disminución de la entropía para dar forma al mundo tal como lo conocemos. En realidad, esta hipótesis, de adoptarse, nos obligaría a considerar que el pasado es ilusorio, que todas las cosas solo tienen una mera apariencia de antigüedad, y que las estrellas y los planetas son igual de Ilusorios. Y dicho tipo de mundo, en que las estrellas no son más que «imágenes», en cierto modo sería mucho más probable, dado el estado de equilibrio generalizado, que un mundo con hechos temporalmente genuinos y espacialmente distantes. Por lo tanto, esta hipótesis de muchos mundos ha sido rechazada por toda la comunidad científica, y el desequilibrio actual suele considerarse nada más que como el resultado de una condición de baja entropía inicial misteriosamente existente al principio del universo.

Ahora bien, la hipótesis de muchos mundos conlleva un problema paralelo igual a la explicación de un universo bien ajustado. Según la teoría Hegemónica de la Evolución Biológica, la vida inteligente como la nuestra, si ha de evolucionar, lo hará hacia el fin de la vida del sol tanto como sea posible. Cuanto menor sea el tiempo disponible para el funcionamiento de los mecanismos de mutación genética y de selección natural, menor será la probabilidad de evolución de vida inteligente. Dada la complejidad del organismo humano es muchísimo más probable que nosotros evolucionemos más tardía que tempranamente en la vida del sol. Por lo tanto, si nuestro universo no es más que uno en un concierto de mundos, sería abrumadoramente más probable que estuviéramos observando un sol muy viejo más que uno relativamente joven de solo unos pocos billones de años. Si somos producto de la evolución biológica, deberíamos hallarnos en un mundo en que evolucionamos tardíamente en la vida de nuestra estrella. En realidad, adoptar la hipótesis de muchos mundos, para evitar explicar la «puesta a punto» del universo, también resulta en una forma extraña de ilusionismo. Sería mucho más probable que todas nuestras estimaciones astronómicas, geológicas y biológicas de edades relativamente jóvenes estuvieran erradas, que en realidad existimos tardíamente en la vida del sol y que la apariencia de juventud del mismo y la tierra no es más que una enorme ilusión, lo que es científicamente un disparate. Por lo tanto, o no somos productos de la casualidad de la evolución biológica (en cuyo caso el diseño debe ser cierto) o no somos productos de la casualidad en un concierto de mundos (en cuyo caso el diseño debe ser cierto). Sea cual fuere el caso, la lógica nos conduce a un diseñador.

Con el fracaso de la hipótesis de muchos mundos, el último obstáculo a la inferencia del diseño en la «puesta a punto» del universo termina por resquebrajarse. Dada la incomprensible improbabilidad especificada de que las condiciones iniciales del universo fueran ya propicias para la vida es plausible creer, como dice la Biblia, que este mundo fue providencialmente ordenado por Dios para sostener la vida.

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Extracto
Libro: ¿Quién creo a Dios? Y respuestas a más de 100 preguntas acerca de cuestiones de Fe.
Editores generales: Ravi Zacharias y Norman Geisler
Colaborador: William Lane Craig
Páginas: 74-77
Capitulo: 3
Editorial: Vida

Año: 2003

miércoles, 14 de octubre de 2015

¿Qué significa la puesta a punto del Universo?


El hecho de que el universo exista no es garantía de que tenga condiciones propicias para la vida. Los científicos solían pensar que cualquiera que fueran las condiciones iniciales del universo, eventualmente evolucionaría a las complejas formas de vida que conocemos hoy, como postula el punto cinco con respecto a la concepción científica del mundo (pág. 53). Uno de los últimos descubrimientos, con respecto al origen y la evolución de la vida, sin embargo, ha sido el de lo increíblemente coordinado que nuestro universo debió estar desde el mismo momento de la gran explosión para que la vida pudiera originarse en el cosmos. Durante los últimos casi treinta años, los científicos han quedado atónitos por el descubrimiento de lo complejo y sensible que debió ser el equilibrio de las condiciones iniciales en ocasión de la gran explosión para que el universo permitiera el origen y la evolución de la vida. En los diversos campos de la Física y la Astrofísica, la Cosmografía clásica, la Mecánica Cuántica y la Bioquímica, los descubrimientos han develado reiteradas veces que la existencia de la vida depende de un equilibrio delicado de constantes y cantidades físicas. De producirse la más mínima alteración de éstas, el equilibrio se destruiría y la vida no existiría. En realidad, en muchos casos, ni siquiera las estrellas y los planetas ni la química ni la materia atómica propiamente dicha podrían existir, mucho menos la vida biológica. En realidad, el universo parece haber sido «puesto a punto» desde el momento incipiente para permitir la existencia de vida inteligente.

Por ejemplo, cambios en la fuerza de gravedad o la fuerza electromagnética en el orden de uno en 10 elevado a 40 hubiera hecho imposible la existencia de estrellas como nuestro Sol, y, por lo tanto, la vida tampoco hubiera sido posible. Una disminución o aumento en la velocidad de la expansión de solo una fracción en un millón de millones, cuando la temperatura del universo era 10 elevado a 10 grados hubiera resultado en el colapso del mismo en un magma de fuego o hubiera hecho imposible que las galaxias se condensaran, haciendo imposible la vida en ambos casos. Es necesario que lo que se conoce como la constante cosmológica, crucial para el desarrollo de nuestro universo, haya sido inexplicablemente «puesta a punto» en no más ni menos que una fracción de 10 elevado a 53 para que fuera posible la existencia de un universo con condiciones para la vida. Esta es solo una de las muchas constantes y cantidades que deben estar presentes para que haya condiciones aptas para la vida en el universo.

No es cuestión de que cada cantidad esté en su justa medida, sino que también deben estar «puestas a punto» las cantidades relativas entre estas. Por ende, la situación no se asemeja a una ruleta en los casinos de Montecarlo que debe arrojar un conjunto de ciertos números; sino que se parece más a la ruleta de Montecarlo arrojando un conjunto de ciertos números, y que esos números tengan determinada relación entre sí. Por ejemplo, que el número arrojado por una ruleta sea siete veces más grande que el número arrojado por otra ruleta y que un tercio del número en otra ruleta. La existencia de un universo con condiciones aptas para la vida es abrumadoramente improbable.

¿Cómo deberíamos entender la noción de probabilidad presente en un universo con condiciones aptas para la vida? John Barrow, físico británico, nos sugiere algunas ideas. Nos invita a trazar un punto rojo en una hoja de papel para que represente nuestro universo. Ahora bien, una variación mínima en algunas de las condiciones iniciales nos permite representar un universo diferente. Si hay condiciones para la vida, trazamos otro punto rojo, si no hay condiciones para la vida, trazamos un punto azul. Repitamos esto una y otra vez hasta que la hoja de papel esté completamente cubierta de puntos. ¿Con qué terminamos? Terminamos con un mar azul y unos pocos puntitos rojos. Es en este sentido que puede decirse con propiedad que la existencia de un universo con condiciones para la vida sería increíblemente improbable.

Algunas personas dirán: «Sí, nuestro universo es improbable. Pero cualquier otro universo sería igualmente improbable. Sería como ganar la lotería. La posibilidad de que cualquier per, sana gane la lotería es muy improbable, pero alguien tiene que ganar». Esta objeción sirve para destacar que no es solo cuestión de probabilidades, sino de probabilidad específica lo que está en juego. No es solo la probabilidad de la existencia de un universo u otro, sino la probabilidad de la existencia de un universo con condiciones aptas para la vida. Por lo tanto, la analogía correcta sería una lotería en la que un billón de billones de billones de bolitas negras se revuelve con una bolita blanca y luego se nos invitara a tomar una bolita con los ojos cubiertos. Si bien todas las bolitas tienen la misma probabilidad de salir, será muchísimo más probable que la bolita que saquemos sea negra y no blanca. Para completar esta analogía, supongamos que nuestra vida dependiera de sacar una bolita blanca: ¡Si no sacas una bolita blanca, estás muerto! Si metiéramos la mano, con los ojos cubiertos, entre todos esos millones y millones de bolitas negras, y de pronto descubriéramos que habíamos sacado la única blanca que había, con todo derecho sospecharíamos que alguien había hecho trampa. Si todavía eres escéptico, suponte que para evitar la ejecución debieras sacar una bolita blanca tres veces seguidas. Las probabilidades no serían significativamente diferentes, pero nadie, en su sano juicio, pensaría que si saca una tras otra bolita blanca hubiera sido solo por casualidad.

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Extracto
Libro: ¿Quién creo a Dios? Y respuestas a más de 100 preguntas acerca de cuestiones de Fe.
Editores generales: Ravi Zacharias y Norman Geisler
Colaborador: William Lane Craig
Páginas: 71-73
Capitulo: 3
Editorial: Vida

Año: 2003

martes, 13 de octubre de 2015

¿Cuál es el origen del Universo?


El punto diez, con respecto al contorno de la visión científica del mundo, plantea la cuestión de los orígenes del cosmos. Es la pregunta crucial de la creación: ¿Cuál es el origen del universo? ¿Por qué existe? La Biblia comienza con las palabras: «Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra». Nos enseña así que el universo tuvo un principio. La Biblia no dice que este principio haya sido reciente. Eso es una inferencia equivocada basada en la suma de las edades de diversas figuras del Antiguo "Testamento. Pero las genealogías del Antiguo Testamento no pretenden registrar todas las generaciones y, en todo caso, dicho recuento solo nos llevaría a la creación de la vida sobre la Tierra (cf. Génesis 1:2) y no al origen mismo del universo (cf. Génesis 1: 1). Desde la antigüedad hasta el siglo veinte, la doctrina bíblica de que el universo tiene un origen ha sido repudiada tanto por la filosofía griega como por el ateísmo moderno. A pesar de esto, la Iglesia se ha mantenido firme en su afirmación de la creación temporal del universo a partir de la nada.

Luego, en 1929, sucedió algo alarmante. Un científico, llamado Edwin Hubble, descubrió que la luz de las galaxias más alejadas parecían más rojas de que lo que era de esperar. La conclusión insólita a la que Hubble arribó fue que la luz es más roja porque el universo se está separando, está en expansión. Esto afecta, por lo tanto, la luz de las galaxias, ya que cada vez se alejan más de nosotros.

Pero esta es la parte interesante: Hubble no solo demostró que el universo se está expandiendo sino que se está expandiendo igual en todas las direcciones. Para hacemos una idea de esto, imaginemos un globo con botones pegados a su superficie. Al inflarlo, los botones se alejan entre sí cada vez más, aunque están bien adheridos en un lugar. Estos botones se asemejan a las galaxias en el espacio. Como el espacio se está expandiendo, todas las galaxias están cada vez más alejadas entre sí.

Increíblemente, esto implica que si nos retraemos en el tiempo, todo debió estar antes más y más próximo entre sí. Al final, en algún momento del pasado finito, todo el universo conocido estaba concentrado en un punto matemático, que los científicos llaman la «singularidad», a partir de la cual el universo ha estado expandiéndose desde entonces.

Cuanto más nos retraemos en el tiempo, más denso se toma el universo, hasta que, al final, se llega a un punto de densidad infinita a partir del cual comenzó a expandirse. Este suceso inicial se conoce como el «big bang», o la gran explosión.

El suceso que marca el principio del universo llega a ser más increíble cuando se tiene en cuenta que no existía nada antes de este. No existía nada antes de la singularidad, porque está en los límites del espacio físico y del tiempo. Representa, por lo tanto, el origen, no solo de la materia y de la energía, sino también del espacio físico y del tiempo mismo. Los físicos John Barrow y Frank Tipler observan: «En esta singularidad comienza la existencia del espacio y del tiempo; literalmente no existía nada antes de la singularidad, por lo que, si el universo se originó allí, verdaderamente tendríamos una creación de la nada».

Se trata de una conclusión profundamente inquietante para cualquiera que la reflexione, porque hay una pregunta que no se puede suprimir: ¿Por qué existe el universo en vez de la nada? No puede haber ninguna causa natural y física para la gran explosión dado que, en palabras del filósofo Quentin Smith: «Pertenece analíticamente al concepto de la singularidad cosmológica que no es el efecto de hechos físicos anteriores. La definición de singularidad conlleva que es imposible extender el marco espaciotemporal más allá de la singularidad lo que obliga a descartar la idea de que la singularidad es un efecto de algún proceso natural anterior». Sir Arthur Eddington, al considerar el inicio del universo, opinaba que la expansión del mismo era un concepto tan prepotente e increíble que «Me siento indignado de que alguien pueda creer en él, excepto yo mismo». Al final, se vio obligado a concluir: «El principio parece presentar dificultades insalvables a menos que acordemos considerarlo como un evento francamente sobrenatural».

Algunas personas se sintieron comprensiblemente perturbadas por la idea de que el universo, aparentemente, hubiera sido creado de la nada. Intentaron, por lo tanto, descubrir el modo de eludir la singularidad inicial y recuperar la idea de un universo eterno, pero todo fue en vano. La historia de la cosmología del siglo veinte ha sido la historia de reiteradas refutaciones de dichas teorías no estándares y la corroboración de la teoría de la Gran Explosión. El veredicto, abrumadoramente mayoritario, de la comunidad científica ha sido que ninguna de estas teorías alternativas son superiores a la teoría de la Gran Explosión. Una y otra vez, los modelos que pretenden evitar las implicaciones del modelo estándar de un principio absoluto del universo han tenido que ser rechazados por insostenibles o por no poder probar la ausencia de un principio. Por ejemplo, en algunas de dichas teorías, como en la de un universo oscilatorio (que se expande y contrae indefinidamente) o la de un universo caóticamente inflacionario (que genera continuamente nuevos universos), si bien los hipotéticos universos tienen un futuro potencialmente infinito, tienen en cambio un pasado finito. Las teorías de un universo fluctuando en el vacío (que postulan un vacío eterno que dio origen a nuestro universo) no pueden explicar por qué, si el vacío era eterno, no podemos observar un universo infinitamente viejo. Si bien estas teorías circulan de vez en cuando en la prensa popular, dichos modelos han sido abandonados por casi todos los teóricos de hoy.

Uno de los intentos recientes más celebrados para evitar la singularidad inicial ha sido postulado por la teoría de Gravedad Cuántica de Stephen Hawking, que en su momento recibió mucha atenci6n en la prensa popular, gracias a su éxito de ventas A Brief History of Time (Una breve historia del tiempo). Según su teoría, el pasado es finito pero no tienen ningún principio o límite. Hawking no teme sacar conclusiones teológicas de su modelo. Escribe: «El universo no tendría ni principio ni fin y no sería ni creado ni destruido. Simplemente, sería. ¿Qué lugar queda entonces para un Creador?»

Por desgracia, para los detractores de la creación, el modelo de Hawking no puede ser una descripción realista del universo. Para mencionar solo un aspecto: él presupone que el universo existe en un tiempo imaginario en vez de en un tiempo real. Esto significa que, en sus ecuaciones, Hawking usa números imaginarios para las coordenadas de tiempo, números como la raíz cuadrada de -1. El problema es que dichos números no son más que algoritmos matemáticos o funciones sin significado físico. Ya, en 1920, Eddington exploró lo que llamó el «truco» de usar números imaginarios para definir las coordenadas del tiempo, pero concluyó que «no era muy productivo» para especular acerca de las implicancias que podía tener porque, según él, «no se trata más que de instrumentos analíticos». El tiempo imaginario, dijo, era meramente un instrumento ilustrativo que «no correspondía a ninguna realidad física».

Asombrosamente, en un libro más reciente, The Nature of Space and Time (La naturaleza del espacio y el tiempo) (1996), Hawking reconoce precisamente esto. Dice: «Una teoría física no es más que un modelo matemático y no tiene sentido preguntarse si corresponde a la realidad. Lo que importa es que la teoría pueda predecir los resultados de las mediciones». Ahora bien, si lo único que hace la teoría de Hawking es esto, es obvio que no elimina un verdadero principio para el universo ni la necesidad de un Creador. Se trata simplemente de usar términos matemáticos para re-describir el universo con un principio singular de manera tal que la singularidad no figure en la re-descripción. En cualquier caso, la teoría de Hawking, de interpretarse de manera realista, todavía implica un origen absoluto del universo, aunque no se haya originado en una singularidad, como postula la teoría de la Gran Explosión. Su modelo no tiene un punto de principio sino que tiene solo un pasado finito y, por lo tanto, un origen absoluto. El mismo Hawking se encarga de resumir la situación: «Casi todos hoy creen que el universo, y el tiempo mismo, tuvo su principio con la Gran Explosión».

Dadas las obvias implicancias teológicas planteadas por un origen del universo a partir de la nada es factible esperar que se continúen proponiendo teorías alternativas al modelo de la Gran Explosión, en un intento de restaurar un universo eterno. Paul Steinhardt, de la Universidad de Princeton, recientemente fue objeto de gran cobertura en la prensa popular por su nuevo modelo cíclico o ekpirótico del universo. Estas propuestas alternativas deberían ser recibidas con beneplácito y cotejadas con la evidencia, porque el patrón continuado de fracasos de dichos modelos alternativos no hace más que corroborar la predicción de un principio absoluto según el modelo estándar de la Gran Explosión, aumentando la credibilidad de esta teoría. A pesar de la predisposición contraria de muchas personas, la evidencia acumulada apoya consistentemente la visión de un universo creado de la nada. ]. M. Wersinger, profesor de física de la Universidad de Auburn, hace las siguientes observaciones:

- Al principio, la comunidad científica era reacia a aceptar la idea del nacimiento del universo.

- El modelo de la gran explosión no solo parecía dar la razón a la idea judeo-cristiana de un principio para el mundo, sino que también parecía requerir la intervención de una creación
sobrenatural.

- Se requirió tiempo, observaciones y cuidadosas verificaciones de las predicciones del modelo de la gran explosión, antes de que la comunidad científica se convenciera y aceptara la idea de una génesis cósmica.

- La gran explosión es un modelo muy productivo que, por su fuerza, se impuso a una comunidad científica reacia.

- Contra toda expectativa, la ciencia corroboró la predicción de la Biblia del principio del universo.

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Extracto
Libro: ¿Quién creo a Dios? Y respuestas a más de 100 preguntas acerca de cuestiones de Fe.
Editores generales: Ravi Zacharias y Norman Geisler
Colaborador: William Lane Craig
Páginas: 65-71
Capitulo: 3
Editorial: Vida

Año: 2003

lunes, 12 de octubre de 2015

¿Cuál debería ser la relación entre la Ciencia y la Teología?



Las respuestas a esta pregunta tan discutida pueden dividirse básicamente en dos grandes campos: quienes insisten en que no hay conflicto posible entre la ciencia y la teología y aquellos que consideran que dicho conflicto es posible. Los cristianos deberían ser cautelosos antes de aceptar la respuesta fácil del primer campo. Es muy tentador para los creyentes religiosos tratar de evitar todo el problema y afirmar que la religión y la ciencia nunca pueden entrar en conflicto, no hay nada de qué preocuparse. Pero esta respuesta puede ser considerada inaceptable una vez que la examinamos con más detenimiento, porque cualquiera que opte por esta primera respuesta, debe sostener una teoría de la doble verdad, según la cual algo puede ser científicamente falso pero teológicamente verdadero; o que son complementarias, que la ciencia y la teología son dos campos que no se superponen (la ciencia se refiere a los hechos y la teología nos da el marco de los valores y el sentido). Sin embargo, la teoría de la doble verdad es incoherente, dado que hay una verdad objetiva acerca de la realidad. (Afirmar: «No hay verdad objetiva» sería en sí una verdad objetiva y, por lo tanto, ¡estaría refutando lo que pretende afirmar!). Pero si hay una verdad objetiva acerca de cómo es el mundo, no es lógico afirmar, por ejemplo, que mientras, desde el punto de vista científico, es verdadero que el universo es eterno y no fue creado, no obstante, desde el punto de vista teológico, es verdad que tuvo un principio y que fue creado.

Con respecto a que se traten de dos disciplinas complementarias, la aproximación popular demasiado a menudo no es más que una excusa velada para desestimar los postulados de verdad de la religión, como es evidente en el comentario cándido de Freeman Dyson: «A fin de cuentas, la ciencia trata acerca de cosas y la teología trata acerca de palabras» La idea de que sean dos campos complementarios también es inaceptable, porque la fe cristiana hace afirmaciones históricas, y la historia tiene, desde un punto de vista epistemológico, la misma jerarquía que la ciencia, como es evidente especialmente en las ciencias históricas como la paleontología y la cosmología. Por lo tanto, no se puede evitar la posibilidad de verdades conflictivas entre la ciencia y la religión. Debemos reconocer el riesgo que esto implica para la fe cristiana: la verdad del cristianismo estaría en peligro. Sin embargo, ahí radica también su grandeza, porque el mundo que ambos campos tienen en común y que hace posible el conflicto también ofrece la posibilidad de verificar las verdades preconizadas por la teología cristiana.


¿Cómo describe la ciencia moderna al mundo?

C.P. Snow se lamentaba en su famoso ensayo: «The Two Cultures» [Las dos culturas], que a pesar de que la mayoría de las personas viven en una era científica y disfrutan diariamente los beneficios de la misma, no tienen idea de lo que ésta enseña acerca del mundo. Aunque la mayoría hemos cursado materias de ciencia en la escuela y la secundaria, pocos podríamos describir ni siquiera a grandes rasgos la imagen del mundo representada por la ciencia moderna. Sin embargo, si no se entiende cómo concibe el mundo, resulta imposible poder relacionar nuestra teología con la ciencia y arribar a una cosmovisión unificada. Por lo tanto, con la ayuda de Victor Weisskopf, quisiera esbozar un perfil de la visión que la ciencia moderna tiene del mundo conforme a su desarrollo histórico:

1. Unificación de la mecánica celestial y terrenal: las mismas leyes de la naturaleza rigen en todo el universo.

2. La existencia de especies atómicas: toda la materia es el resultado de la combinación de unos cientos de átomos elementales diferentes.

3. El calor es movimiento aleatorio: el calor se debe al movimiento de las partículas de la materia y no es en sí una sustancia.

4. La unificación de la electricidad, el magnetismo y la óptica: son todas manifestaciones del mismo campo electromagnético.

5. La evolución de los seres vivos: la vida y la complejidad biológica surgió como se describe en la síntesis Neodarwiniana.

6. La teoría de la Relatividad: el espacio y el tiempo están unificados en las cuatro dimensiones espacio y tiempo, cuya curvatura corresponde a campos gravitacionales.

7. La teoría Cuántica: a un nivel sub-atómico las nociones de posición y de momento tienen límites debidos a la indeterminación causal.

8. La Biología Molecular: el descubrimiento de la macromolécula de ADN reveló que el código genético es responsable del desarrollo de los seres vivos.

9. La «Escala» Cuántica: los sistemas materiales están ordenados jerárquicamente de manera que, cuanto menor sea el sistema, mayor será la energía condensada allí, develando así el secreto de la energía nuclear.

10. Un universo en expansión: el universo tiene una evolución histórica que comenzó con una gran explosión.

Muchas de estas cuestiones dan lugar a importantes cuestiones de orden apologético. Los cristianos alertas, especialmente los líderes, necesitan contar con una comprensión general de estas cuestiones y estar preparados para ofrecer su perspectiva al respecto y sugerir recursos apropiados a quienes deseen respuestas más profundas. Lamentablemente, las cuestiones que deben discutirse son tantas y la amplitud de los temas es tan vasta que el espacio del que disponemos no permitirá más que un tratamiento superficial de los mismos. Por lo tanto, he decidido considerar brevemente solo cuatro áreas que se han caracterizado últimamente por una interacción significativa entre la teología cristiana y la ciencia.

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Extracto
Libro: ¿Quién creo a Dios? Y respuestas a más de 100 preguntas acerca de cuestiones de Fe.
Editores generales: Ravi Zacharias y Norman Geisler
Colaborador: William Lane Craig
Páginas: 62-65
Capitulo: 3
Editorial: Vida

Año: 2003

sábado, 10 de octubre de 2015

La Ciencia y El Cristianismo, ¿Aliados o Adversarios?


Por el año 1896, el presidente de la Universidad de Comell, Andrew Dickson White, publicó un libro con el título A History of the Warfare of Science with Theology in Christendom (Una historia de la lucha entre la ciencia y la teología en el cristianismo) Bajo la influencia de White, la metáfora de una lucha para describir la relación entre la ciencia y la religión cristiana se extendió durante la primera mitad del siglo veinte. La visión dominante en la cultura de nuestra sociedad, incluso entre cristianos, fue que la ciencia y el cristianismo no eran aliados en la búsqueda de la verdad sino adversarios. A modo de ilustración, hace unos años atrás acepté participar en un debate con un filósofo de la ciencia en la Universidad Simon Fraser de Vancouver. El asunto a debatir era: «¿Son la ciencia y el cristianismo recíprocamente incompatibles? Pero cuando llegué al campus, vi que los estudiantes cristianos que patrocinaban el debate lo estaban promocionando con grandes carteles y pancartas que decían: «La ciencia vs. el cristianismo». Los estudiantes cristianos estaban perpetuando la misma mentalidad de antagonismo que Andrew Dickson White había proclamado cien años antes.

LA CIENCIA Y EL CRISTIANISMO, ¿ALIADOS O ADVERSARIOS?

Lo que sucedió, sin embargo, durante la segunda mitad del siglo veinte, fue que los historiadores y filósofos de la ciencia se dieron cuenta que esta supuesta historia de antagonismos era un mito. Como Charles Thaxton y Nancy Pearcey señalan en su libro The Soul of Science (El alma de la ciencia), en los trescientos años que representan el desarrollo de la ciencia moderna, desde 1500 hasta fines de 1800, la relación entre la ciencia y la religión podría ser bien descrita como una alianza. El libro de White hoy se considera más bien como una broma de mal gusto, una propaganda tendenciosa y tergiversada. Hoy se la cita solo como ejemplo de cómo no se debe hacer historia de la ciencia.

Los historiadores de la ciencia, en la actualidad, reconocen el papel indispensable que desempeñó la fe cristiana en el crecimiento y el desarrollo de la ciencia moderna. La ciencia no es algo natural a la humanidad. Como lo recalca el escritor científico Loren Eiseley, la ciencia es «una institución cultural inventada» que requiere un «terreno propicio» a fin de fructificar. La ciencia moderna no surgió en oriente ni en África sino en la civilización occidental. ¿A qué se debió esto? A la singular contribución de la religión cristiana a la cultura occidental. Como afirma Eiseley: «Fue el mundo cristiano lo que finalmente dio a luz de modo claro y articulado el método experimental propio de la ciencia».

A diferencia de las religiones orientales y vulgares, el cristianismo no considera que el mundo sea divino ni esté habitado por espíritus, sino que es el producto natural de un Creador Trascendental que lo diseñó y lo hizo existir. Por ende, el mundo es un lugar racional abierto a la exploración y al descubrimiento. Hasta las últimas décadas del siglo diecinueve, los científicos eran típicamente creyentes cristianos que no veían ningún conflicto entre su ciencia y su fe, hombres como Kepler, Boyle, Maxwell, Faraday, Kelvin, y otros. La idea de una lucha entre la ciencia y la religión es una invención relativamente reciente de fines del siglo diecinueve, un mito cuidadosamente fomentado por pensadores seculares con el propósito de minar el dominio cultural del cristianismo y de reemplazarlo por el naturalismo, que postula que nada fuera de la naturaleza es real y que la única manera de descubrir la verdad es por medio de la ciencia. Fueron tremendamente exitosos en llevar a cabo sus planes.

Pero los filósofos de la ciencia, durante la segunda mitad del siglo veinte, llegaron a la conclusión que toda la empresa científica se basa en ciertas premisas que no pueden ser probadas científicamente, sino que están garantizadas por la visión del mundo cristiano: por ejemplo, las leyes de la lógica, la naturaleza ordenada del mundo exterior, la confiabilidad en nuestras facultades cognitivas para conocer el mundo, la validez del razonamiento inductivo y la objetividad de los valores morales usados por la ciencia. Desearía enfatizar que la ciencia ni siquiera podría existir sin estas premisas y que, sin embargo, éstas no pueden ser demostradas científicamente. Son premisas filosóficas que, y esto es lo más interesante, son parte integral de la cosmovisión cristiana. Por lo tanto, la teología es una aliada de la ciencia en cuanto le proporciona el marco conceptual para que la ciencia pueda existir. Aún más, la religión cristiana, históricamente, proveyó el marco conceptual en que la ciencia nació y se desarrolló.

Vivimos, por lo tanto, en una época de renovado interés en las relaciones entre la ciencia y la teología cristiana. En realidad, durante el último cuarto del siglo veinte, ha prosperado un fructífero diálogo entre la ciencia y la teología en Norteamérica y Europa. Han surgido numerosas sociedades para la promoción de este diálogo: la Sociedad Europea para el Estudio de la Ciencia y de la teología, el Foro para la Ciencia y la Religión, el Centro de teología y Ciencias Naturales (CTNS), así como otras instituciones. En particular, es significativo que han tenido lugar conferencias patrocinadas por el CTNS y el Observatorio del Vaticano, en la que prominentes científicos como Stephen Hawking y Paul Davies han explorado las implicancias de la ciencia para la teología con teólogos de la talla de John Polkinghome y Wolfhart Pannenberg. Además de haber publicaciones especializadas dedicadas al diálogo entre la cienciá y la religión, como Zygon y Perspectives on Science and Christian Faith (Perspectivas sobre la ciencia y la religión cristiana), es aún más significativo que revistas seculares como Nature y el British Journal for the Philosophy of Science (revista dedicada a la filosofía de la ciencia) también publiquen artículos acerca de las implicancias recíprocas entre la ciencia y la teología. El diálogo entre éstas se ha vuelto tan relevante en nuestros días que, tanto la Universidad de Cambridge como la Universidad de Oxford, han establecido cátedras sobre ambas. Menciono todo esto simplemente para contrarrestar un mito cultural, un mito arraigado en la ignorancia y rechazado hoy por la mayoría de la academia: el mito de que la ciencia y la religión cristiana son adversarios inherentes más que aliados en la búsqueda de la verdad.

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Extracto
Libro: ¿Quién creo a Dios? Y respuestas a más de 100 preguntas acerca de cuestiones de Fe.
Editores generales: Ravi Zacharias y Norman Geisler
Colaborador: William Lane Craig
Páginas: 59-62
Capitulo: 3
Editorial: Vida
Año: 2003

En Punto Muerto Intelectual




Hace algunos años aparecieron dos libros que provocaron un maremoto en la comunidad de educación Americana. El primero de estos, Cultural Literacy: What Every American Needs to Know (Alfabetización Cultural: Lo que Cada Americano Necesita Saber), por E.D. Hirsch, documentó el hecho de que un gran número de estudiantes universitarios Americanos no tienen el conocimiento básico para entender la primera plana de un periódico o para actuar con responsabilidad como ciudadano. En una reciente encuesta en la Universidad Estatal de California, en Fullerton, más de la mitad de los estudiantes no pudieron identificar a Chaucer o Dante. El noventa por cien no supieron quien fue Alexander Hamilton, a pesar de que su foto esta en cada billete de diez dólares.

Estas estadísticas son alarmantes. ¿Qué les ha pasado a las escuelas que están produciendo personas tan ignorantes? Alan Bloom, quien fue un eminente educador en la Universidad de Chicago y el autor del segundo de los libros a los que me he referido arriba, argumentaba en su The Closing of the American Mind (La Decadencia de la Cultura) que detrás del actual malestar educacional se encuentra en los estudiantes la convicción universal de que toda verdad es relativa y, por tanto, que la verdad no es algo que vale la pena perseguir. Bloom escribe:
“Hay una cosa de la que un profesor puede estar absolutamente seguro: casi cualquier estudiante que entra en la universidad cree, o dice creer, que la verdad es relativa… El peligro de que ellos hayan sido enseñados a temer el absolutismo no es el error sino la intolerancia. El relativismo es necesario para la apertura; y esta es la virtud, la única virtud, la cual toda la educación primaria misma se ha dedicado a inculcar por más de cincuenta años. La apertura, y el relativismo que la hace la única postura verosímil, en la presencia de las diferentes pretensiones de verdad y los diferentes estilos de vida y tipos de seres humanos, es la gran idea de nuestros tiempos… El estudio de la historia y de la cultura enseña que todo el mundo estaba loco en el pasado, los hombres siempre pensaban que tenían la razón, y eso llevó a guerras, persecuciones, esclavitud, xenofobia, racismo y chovinismo. El punto no es corregir los errores y tener la razón; más preciso, es no pensar que de algún modo pudieras tener la razón.”
Ya que la verdad absoluta no existe y todo es relativo, el propósito de seguir una educación no es aprender la verdad o dominar hechos, realmente se trata simplemente de adquirir una habilidad para que uno pueda salir y obtener riqueza, poder y fama. La verdad se ha convertido en algo irrelevante.
Ahora bien, desde luego, este tipo de actitud relativista hacia la verdad es totalmente antitética a la cosmovisión cristiana. La razón es que, como cristianos, creemos que toda verdad es verdad de Dios, que Dios nos ha revelado la verdad, tanto en su Palabra como en Aquel que dijo “Yo soy la Verdad”. El cristiano, entonces, nunca puede considerar la verdad con apatía o desdén. Al contrario, él aprecia y atesora la verdad como un reflejo de Dios mismo. Tampoco es que su compromiso a la verdad convierta al cristiano en intolerante. Realmente, el mismísimo concepto de tolerancia implica que uno no está de acuerdo con aquello que tolera. El cristiano está comprometido tanto con la verdad como con la tolerancia, porque cree en Aquel que no solo dijo “Yo soy la verdad” sino también “ama a tus enemigos”.
Ahora bien, cuando estos libros fueron publicados, yo estaba enseñando en el departamento de Estudios Religiosos de una universidad cristiana. Así que me pregunté: ¿Cuánto han sido los estudiantes cristianos infectados con la actitud que Bloom describe?, ¿Qué tal les iría a mis propios estudiantes en uno de los tests de E.D. Hirsh? ¿Cómo lo harán?, pensé. ¿Por qué no hacerles esa prueba? Así que la hice.
Redacté una prueba breve de conocimiento general acerca de personas famosas y lugares, y la di en dos clases de cerca de cincuenta estudiantes de segundo año de universidad. Lo que encontré fue que, había una porción considerable de estudiantes que no podían identificar (incluso con una frase) algunos eventos y nombres importantes… el 16% no sabían quién fue Winston Churchill. ¡Un estudiante pensó que fue uno de los Padres fundadores de nuestra nación! ¡Otro lo identificó como el más grande predicador de avivamientos de hace un par de siglos! El 22% no supieron qué es Afganistán, y otro 22% no pudieron identificar Nicaragua. El 20% no supieron dónde está el río Amazonas. ¡Imagínalo!

Les fue incluso peor en las cuestiones sobre cosas y eventos. El 24% no supieron qué es la Teoría Especial de la Relatividad (aunque fue simplemente identificarla - incluso con un “una teoría de Einstein” -, y no explicarla). Y no me sorprendí de que el 73% no supieron a que se refería la expresión “Destino Manifiesto”.
Así, me quedó claro que los estudiantes cristianos no habían sido capaces de ponerse por encima de la corriente oscura en nuestro sistema educacional en los niveles de primaria y secundaria.
Pero entonces un terrible miedo aún mayor comenzó a crecer en mi mientras contemplaba estas estadísticas al caer en la cuenta; Si los estudiantes cristianos son así de ignorantes acerca de los hechos generales de la historia y la geografía, pensé, entonces hay muchas probabilidades de que ellos, y los cristianos en general, son igualmente (o incluso aún más) ignorantes acerca de los hechos de nuestra propia herencia y doctrinas cristianas. Nuestra cultura en general se ha hundido hasta el nivel del analfabetismo bíblico y teológico. Muchas personas, sino la mayoría, no pueden incluso nombrar los cuatro evangelios.
Pero si nosotros no protegemos la verdad de nuestra propia herencia y doctrina cristiana, ¿Quién la aprenderá por nosotros? ¿Los que no son cristianos? Eso parece poco probable. Si la iglesia no atesora su propia verdad cristiana, entonces la perderá para siempre. Así que, me pregunto, ¿Qué tal les iría a los cristianos en una prueba sobre cuestiones generales de la historia y doctrina cristiana?
Bueno, ¿Qué tal les iría? Te invito ahora a sacar un bolígrafo y una hoja de papel y haz la siguiente prueba por ti mismo. (Vamos, solo te llevará un minuto). Los siguientes son puntos que creo que cualquier cristiano maduro en nuestra sociedad debería ser capaz de identificar. Simplemente da alguna frase representativa que indique que sabes de qué se trata el punto.
Prueba
      1.     Agustín
      2.     Concilio de Nicea
      3.     Trinidad
      4.     Dos naturalezas unidas en una persona
      5.     Panteísmo
      6.     Tomas de Aquino
      7.     Reforma
      8.     Martín Lutero
      9.     Expiación sustitutoria
    10.   Ilustración
¿Cómo te fue en la prueba? Si eres un caso típico de las audiencias a las que les he dado esta prueba, probablemente no te ha ido muy bien. Si ese es el caso, podrías estar tentado a reaccionar a esta prueba de manera defensiva: “¿De cualquier manera, quién necesita saber todo esto? Esta basura no es importante. Lo que cuenta realmente es mi caminar con Cristo y el testimonio que doy de Él a los demás. ¿A quién le importan todas estas trivialidades?”. 
Sinceramente, espero que esa no haya sido tu reacción, porque eso bloqueará tu superación personal. Este pequeño ejercicio no habrá sido de ningún beneficio para ti. No habrás aprendido nada de él.
Pero hay una segunda y más positiva reacción. Puede ser que veas, quizá por primera vez en tu vida, que aquí hay una necesidad en tu vida de que como cristiano te comprometas intelectualmente un poco más, y puede ser que hayas decidido hacer algo sobre eso. Esta es una decisión crucial. Estarás dando un paso que millones de cristianos en todo el mundo necesitan dar.
Nadie ha expresado un reto más fuerte para que los cristianos se comprometan más intelectualmente que Charles Malik, ex-embajador Libanés en los Estados Unidos, en su discurso en la dedicación del Centro Billy Graham en Wheaton, Illinois. Malik enfatizó que como cristianos enfrentamos dos tareas en nuestro evangelismo: salvar el alma y salvar la mente; es decir, no se trata solo de convertir a la gente espiritualmente, sino también convertirlos intelectualmente. Y la iglesia se está rezagando peligrosamente con respecto a esta segunda tarea. Nuestras iglesias están llenas de gente que han nacido de nuevo espiritualmente, pero que todavía piensan como los no cristianos. Nota bien sus palabras:
"Debo ser sincero contigo: el mayor peligro que enfrenta el cristianismo evangélico Americano es el peligro del anti-intelectualismo. No estamos cuidando suficientemente la mente en sus más grandes y profundas riquezas. Pero la nutrición intelectual no puede ocurrir aparte de una profunda inmersión por varios años en la historia del pensamiento y el espíritu. Las personas que tienen prisa por salir de la universidad y comenzar a ganar dinero, o servir a la iglesia, o predicar el evangelio no tienen ni idea del infinito valor de pasar años de tiempo libre en conversación con las más grandes mentes y almas del pasado, madurando, afilando y engrandeciendo sus capacidades de pensamiento. El resultado es que el ruedo de pensamiento creativo es desocupado y abdicado en favor del enemigo."
Malik continúa diciendo:
"Requerirá un espíritu totalmente diferente el vencer este gran peligro del anti-intelectualismo. Por ejemplo, digo que este espíritu diferente, en lo que concierne solamente a la filosofía - el campo más importante para el pensamiento e intelecto -, debe ver el enorme valor de pasar un año entero sin hacer otra cosa que estudiando minuciosa e intensivamente la República o el Sofista de Platón, o dos años estudiando minuciosamente la Metafísica o Etica de Aristóteles, o tres años con la Ciudad de Dios de Agustín. Pero si se empieza ahora en un programa intensivo en este y otros campos, llevará por lo menos un siglo alcanzar a los de Harvard, Tubinga y La Sorbona - y para entonces, ¿dónde estarán estas universidades?"
Lo que Malik vio claramente es la posición estratégica que ocupan las universidades al moldear el pensamiento y cultura occidental. De hecho, la única y más importante institución que está moldeando la sociedad occidental es la universidad. Es en la universidad donde son educados nuestros futuros líderes políticos, nuestros periodistas, nuestros abogados, nuestros maestros, nuestros científicos, nuestros ejecutivos de negocios, nuestros artistas. Es en la universidad el lugar donde formularán o, más probablemente, simplemente absorberán la cosmovisión que moldeará sus vidas. Y, ya que estos son los que crean opinión y los líderes que moldean nuestra cultura, la cosmovisión que ellos embeben en la universidad será la que moldee nuestra cultura.
¿Por qué es esto importante? Simplemente porque el evangelio nunca es escuchado aisladamente. Siempre se escucha contra el trasfondo del ambiente cultural en el cual uno vive. Una persona criada en un ambiente cultural en el cual el cristianismo todavía es visto como una opción intelectualmente viable presentará una apertura al evangelio que una persona secularizada no presentará. ¡Para la persona secular, bien podrías decir que crees tanto en hadas o en duendes como en Jesucristo! O, para dar una ilustración más realista, es como un devoto del movimiento Hare Krishna acercándose a ti en la calle e invitándote a creer en Krishna. Una invitación así nos parece estrafalaria, rara, incluso divertida. Pero para una persona en las calles de Deli, tal invitación parecería, asumo, bastante razonable y motivo de reflexión. Me temo que los evangélicos parecen casi tan raros para las personas en las calles de Bonn, Estocolmo o Toronto como lo parecen los devotos de Krishna.
Es parte de la tarea más amplia de la erudición cristiana ayudar a crear y mantener un ambiente cultural en el que el evangelio pueda ser escuchado como una opción intelectualmente viable para los hombres y mujeres racionales. Por tanto, la iglesia tiene un papel vital en levantar eruditos cristianos que ayuden a crear espacio para las ideas cristianas en la universidad. El cristiano promedio no se da cuenta de que una guerra intelectual se está desarrollando en las universidades, en las revistas profesionales, y en las asociaciones de eruditos. El cristianismo está siendo atacado como irracional u obsoleto, y millones de estudiantes - nuestra futura generación de líderes, han absorbido ese punto de vista.
Esta es una guerra que no podemos permitirnos perder. El gran teólogo de Princeton J. Gresham Machen advirtió en las vísperas de la Controversia Fundamentalista que si la iglesia perdiese la batalla intelectual en un generación, entonces el evangelismo sería inconmensurablemente más difícil en la siguiente:
"Las falsas ideas son los obstáculos más grandes para la recepción del evangelio. Podemos predicar con todo el fervor de un reformador y aún así solamente tener éxito ganando un rezagado aquí y otro allá, si permitimos que todo el pensamiento colectivo de la nación o del mundo esté controlado por ideas que, por falta de una fuerza resistente de la lógica, impidan que el Cristianismo sea considerado como algo más que una ilusión inofensiva. Bajo tales circunstancias, lo que Dios quiere que hagamos es destruir el obstáculo desde sus raíces."
La raíz del obstáculo se encuentra en la universidad, y es allí donde se debe atacar. Desafortunadamente, la advertencia de Manchen fueron desatendidas, y el cristianismo bíblico se retiró adentro de los armarios intelectuales del Fundamentalismo, desde los cuales solo recientemente ha empezado a volver a emerger. Aún no se ha perdido la guerra, y es una que no debemos perder: las almas de hombres y mujeres están en juego.
Así que, ¿Qué es lo que los evangélicos están haciendo para ganar esta guerra? Hasta hace poco, de hecho muy poco. Malik preguntó acertadamente,
"¿Quién de entre los evangélicos puede levantarse ante los grandes eruditos seculares, naturalistas o ateos en sus términos de erudición? ¿Quién entre los eruditos evangélicos es citado por las grandes autoridades seculares como una fuente normativa en historia, filosofía, psicología, sociología o política? ¿Tiene el pensamiento evangélico la más mínima oportunidad de convertirse en el pensamiento dominante en las grandes universidades de Europa y América que sellan nuestra civilización con su espíritu e ideas?
...Por amor a una mayor efectividad al testificar de Jesucristo mismo, así como por amor a ellos mismos, los evangélicos no pueden permitirse el vivir en la periferia de una existencia intelectual responsable."
Estas palabras golpean como un martillo. Verdaderamente, los evangélicos han estado viviendo en la periferia de una existencia intelectual responsable. La mayoría de los eruditos evangélicos prominentes tienden a ser el pez gordo en una pecera pequeña. Nuestra influencia se extiende poco más allá de la sub-cultura evangélica. Tendemos a publicar exclusivamente con editoriales evangélicas, y por tanto es muy probable que nuestros libros nunca sean leídos por eruditos no-evangélicos. Y, en lugar de participar en asociaciones profesionales standard, participamos en las asociaciones profesionales evangélicas. Como resultado, ponemos efectivamente nuestra luz bajo el almud y tenemos poco efecto «fermentador» para el evangelio en nuestros campos profesionales. En cambio, la corriente intelectual de la cultura en general sigue deslizándose sin obstáculos más profundamente en el secularismo.
Necesitamos desesperadamente eruditos cristianos que puedan, tal y como Malik dijo, competir con pensadores no cristianos en sus especialidades y con sus propios conceptos de erudición. Se puede hacer. Actualmente, por ejemplo, se está dando una revolución en el campo de la filosofía que, como dijo Malik, es la esfera más importante para el pensamiento e intelecto, ya que es el fundamento para todas las demás disciplinas en la universidad. Filósofos cristianos han estado saliendo del armario y defendiendo la verdad de la cosmovisión cristiana con sofisticados argumentos filosóficos en las mejores revistas seculares y asociaciones profesionales. Como resultado, el rostro de la filosofía Americana ha cambiado.
Hace cincuenta años, filósofos ampliamente reconocidos hablaban de Dios como literalmente sin sentido, simple algarabía. Pero actualmente, ningún filósofo suficientemente informado podría aceptar tal punto de vista. De hecho, hoy en día muchos de los mejores filósofos de América son abiertamente cristianos. Para darte un poco del sentir del impacto de esta revolución, déjame citar un artículo que apareció en el otoño del 2001 en la revista Philo lamentando lo que el autor llamó “la desecularización del mundo académico que evoluciona en los departamentos de filosofía desde finales de la década de los sesenta”. El autor, un prominente filósofo ateo, escribe:
"Los naturalistas miraban pasivamente mientras versiones realistas del teísmo . . . comenzaron a propagarse por la comunidad filosófica. Hasta hoy quizá un cuarto o un tercio de los profesores de filosofía son teístas, y la mayoría son cristianos ortodoxos.
...en filosofía, casi de la noche a la mañana, se volvió 'académicamente respetable' dar argumentos en favor del teísmo, haciendo de la filosofía un campo favorable para la entrada de los más inteligentes y talentosos teístas que entran en el mundo académico hoy...
Dios no está “muerto” en el mundo académico. Ha vuelto a la vida a finales de la década de los sesenta, y está vivo y en buen estado en su última fortaleza académica: los departamentos de filosofía."
Este es el testimonio de un filósofo ateo destacado sobre el cambio que se ha producido delante de sus ojos en la filosofía Americana. Pienso que probablemente está exagerando cuando calcula que entre un cuarto y un tercio de los filósofos Americanos son teístas, pero lo que sus cálculos revelan es el impacto percibido de los filósofos cristianos sobre este campo. Como el ejército de Gedeón, una minoría comprometida de activistas puede tener un impacto proporcionalmente mucho mayor a su tamaño. El principal error que comete es llamar a los departamentos de filosofía la “última fortaleza” de Dios en la universidad. Al contrario, los departamentos de filosofía son una cabeza de playa desde la cual se pueden lanzar las operaciones para impactar otras disciplinas académicas en la universidad para Cristo.
El punto es que la tarea de revertir el proceso de secularización no es desesperanzada e imposible, ni tampoco hace falta tanto tiempo como uno pudiera pensar para lograr cambios significativos. Esta clase de erudición cristiana es la que representa la mejor esperanza para la transformación de la cultura que Malik y Machen imaginaron, y su verdadero impacto en la causa de Cristo solamente será sentida en la próxima generación, al filtrarse en la cultura popular.
Así que puede ser hecho, si estamos dispuestos a trabajar duro. Machen observó que en su día “muchos seminarios combatían el error atacándolo tal y como es enseñado por sus representantes populares” en lugar de confundir estudiantes “con un montón de nombres Alemanes totalmente desconocidos fuera de los muros de la universidad”. Pero, al contrario, Machen insistió, es esencial que los eruditos cristianos estén alerta sobre el poder de una idea antes de que alcance su formulación popular.
El procedimiento erudito, dijo, está basado simplemente en la profunda creencia en la omnipresencia de las ideas. Lo que hoy es una cuestión de especulación académica, mañana empieza a mover ejércitos y a derribar imperios. En esa segunda etapa, ha ido demasiado lejos como para ser combatida. El tiempo para pararla era cuando aún era una cuestión de debate apasionado. Así que, como cristianos, deberíamos tratar de moldear el pensamiento del mundo de tal manera que haga que la aceptación del cristianismo sea algo más que un disparate lógico.
Como Malik, Machen también creían que “el principal obstáculo para la religión cristiana hoy recae en la esfera del intelecto”, y esa objeción al cristianismo debe ser atacada en esa esfera. “La iglesia se está muriendo hoy por la falta de pensamiento, no por el exceso”.

Lo que es irónico de la mentalidad que dice que nuestros seminarios deberían producir pastores, no eruditos, es que son precisamente nuestros futuros pastores, no solamente nuestros futuros eruditos, los que necesitan estar intelectualmente comprometidos y recibir este entrenamiento académico. El artículo de Machen fue originalmente un discurso titulado “La Preparación Científica de un Ministro”. Un modelo para nosotros aquí debe ser un hombre como John Wesley, un evangelista lleno del Espíritu y al mismo tiempo un erudito educado en Oxford. La visión de Wesley de lo que debe ser un pastor es notable: un caballero, experto en las Escrituras y versado en historia, filosofía y la ciencia de su día.

¿Cómo se comparan los pastores que se gradúan de nuestros seminarios con este modelo? El historiador eclesiástico y teólogo David Wells ha llamado a nuestra generación contemporánea de pastores “los nuevos «inutilizadores»” porque han abandonado el papel tradicional del pastor como el agente de la verdad para su congregación y lo han reemplazado con un nuevo modelo directivo sacado del mundo profesional, el cual enfatiza las habilidades de liderazgo, marketing y administración. Como resultado la iglesia ha producido una generación de cristianos para los que la teología es irrelevante y cuyas vidas fuera de la iglesia no difieren en la práctica de aquellos que son ateos. Estos nuevos pastores directivos, Well se queja, “están fallando a la iglesia e incluso incapacitándola. La están dejando vulnerable a todas las seducciones modernas precisamente porque no han provisto la alternativa, que es una visión de la verdad centrada en Dios y en su verdad”. Necesitamos recuperar el modelo tradicional que estaba ejemplificado en hombres como Wesley.

Pero, finalmente, no son solo los eruditos cristianos y los pastores los que necesitan estar intelectualmente comprometidos si la iglesia va a tener un impacto en nuestra cultura. Los cristianos laicos, igualmente, deben estar intelectualmente comprometidos. Nuestras iglesias están llenas de cristianos que están holgazaneando en un punto muerto intelectual. Como cristianos, sus mentes se están echando a perder. J. P. Moreland en su desafiante libro Love your God with All your Mind los ha llamado los “«yo» vacíos”. Un “«yo» vacío” es desmesuradamente individualista, infantil, y narcisista. Es pasivo, dependiente de los sentidos, ocupado, precipitado, incapaz de desarrollar una vida interior. En el que es quizá el pasaje más demoledor de su libro, Moreland nos pide que imaginemos una iglesia llena de tales personas. Nos pide,
"¿Cuál sería el entendimiento teológico, el valor evangelístico, la penetración cultural de tal iglesia? Si la vida interior realmente no importa tanto, ¿Por qué pasar el tiempo intentando desarrollar una vida intelectual y espiritualmente madura? Si alguien es básicamente pasivo, él o ella simplemente no harán el esfuerzo de leer, sino que en cambio prefieren que los entretengan. Si una persona es dependiente de los sentidos en orientación, la música, revistas llenas de fotos, y medios de comunicación visuales en general serán más importantes que las simples palabras en una página o pensamientos abstractos. Si uno es precipitado y distraído, tendrá poca paciencia para el conocimiento teorético, y un periodo de atención demasiado corto como para permanecer con una idea mientras se desarrolla cuidadosamente.
Y si alguien es demasiado individualista, infantil y narcisista, ¿qué leerá esa persona, si es que esa persona lee algo?... Los libros cristianos de auto-ayuda que están llenos de contenido interesado... lemas, moralización simplista, un montón de historias y fotos, y diagnosis inadecuada de cuestiones que no exigen nada del lector. Libros sobre celebridades cristianas . . . lo que no será leído son libros que equipan a las personas para desarrollar un entendimiento bien razonado y teológico de la religión cristiana, y para completar su papel en el más amplio reino de Dios. . . (tal) iglesia . . . será. . . impotente para permanecer frente a las fuerzas poderosas del secularismo que amenaza con enterrar las ideas cristianas bajo una capa de pluralismo desalmado y cientificismo engañoso. En tal contexto, la iglesia estará tentada a medir su éxito en gran medida en términos de números - números alcanzados por adaptación cultural a los «yo» vacío. Así, la iglesia se convertirá en la que cave su propia tumba. Sus métodos de “éxito” a corto plazo resultaran siendo lo que la marginen a largo plazo."
Lo que hace que esta descripción sea tan demoledora es que no tenemos que imaginar tal iglesia, pues esta ES una descripción apropiada de muchas de las iglesias evangélicas hoy.
Algunas veces la gente trata de justificar su falta de compromiso intelectual afirmando que prefieren tener una “fe simple”. Pero aquí pienso que debemos distinguir entre una fe como la de un niño y una fe infantil. Una fe como la de un niño es una total confianza en Dios como el Padre Celestial amante de uno, y Jesus manda que tengamos tal fe. Pero una fe infantil es una fe inmadura, irreflexiva; y no se nos manda tener tal fe. Al contrario, Pablo dice “no seáis niños en la manera de pensar; más bien, sed niños en la malicia, pero en la manera de pensar sed maduros” (1 Cor. 14.20 LBA). Si una fe “simple” significa una fe irreflexiva e ignorante, entonces no deberíamos querer nada de ella. En mi propia vida puedo testificar que, después de muchos años de estudio, mi adoración a Dios es más profunda precisamente gracias a - y no a pesar de - mis estudios en filosofía y teología. En cada área que he investigado intensivamente - creación, la resurrección, omnisciencia divina, eternidad divina, aseidad divina - mi apreciación de la verdad de Dios y mi admiración de Su persona se han vuelto más profundas. Estoy emocionado por futuros estudios ya que estoy seguro de que me traerán una más profunda apreciación de la persona y obra de Dios. La fe cristiana no es una fe apática, una fe con muerte cerebral, sino una fe viva, que indaga. Tal y como lo puso Anselmo, la nuestra es una fe que busca entendimiento.
Es más, los resultados de estar en punto muerto intelectual se extienden más allá de uno mismo. Si los cristianos laicos no se comprometen intelectualmente, entonces estamos en serio peligro de perder a nuestros jóvenes. En secundaria y la universidad, los cristianos adolescentes son asaltados intelectualmente por cada forma de filosofía no-cristiana en conjunto con relativismo abrumador. Como digo en las iglesias a lo largo del país, constantemente me encuentro con padres cuyos hijos han perdido su fe porque no había nadie en la iglesia para responder a sus preguntas. De hecho, George Barna estima que el 40% de los jóvenes en nuestras iglesias, una vez que dejan el colegio, no volverán a cruzar la puerta de la iglesia otra vez.
No hay duda de que la iglesia ha perdido su oportunidad en esta área. Pero las estructuras están en su lugar en la iglesia para remediar este problema, si simplemente las usamos. Estoy hablando, desde luego, de los programas de la Escuela Dominical para adultos. ¿Por qué no empezar a usar las clases de la Escuela Dominical para ofrecer a laicos instrucción seria en temas tales como doctrina cristiana, historia de la iglesia, Griego del Nuevo Testamento, apologética, y así sucesivamente? ¡Piensa en el potencial para el cambio! ¿Por qué no?
Creo que se puede cambiar nuestra cultura. Estoy emocionado por el renacimiento de la filosofía cristiana en mi generación, la cual da un buen presagio para la siguiente. Tanto si Dios te está llamando a ser un erudito cristiano en las líneas del frente de la batalla intelectual, un pastor cristiano para servir como agente de la verdad a tu congregación, o un padre o laico cristiano que está siempre preparado para dar razón de la esperanza que hay en ti, tenemos la asombrosa oportunidad de ser agentes del cambio cultural en el nombre de Cristo. Por amor a la iglesia, por amor a ti mismo, por amor a tus hijos, ¡no malgastes esta oportunidad! Así que, si hasta ahora has estado en la costa, holgazaneando en ese punto muerto intelectual, ¡Ahora es el tiempo de poner la marcha!
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Respuestas a las preguntas de prueba: 
     1. Padre de la Iglesia (354-430) y autor de La Ciudad de Dios. Enfatizó la gracia inmerecida de Dios.

      2. El concilio de la iglesia que en el 325 ratificó oficialmente la doctrina de la deidad igual del Padre y el Hijo, en oposición al punto de vista que mantenía la herejía Arriana.

     3. La doctrina que mantiene que en Dios hay tres personas y un solo ser.

     4. La doctrina enunciada en el Concilio de Calcedonia (451) que afirma la verdadera deidad y la verdadera humanidad de Cristo.

      5.  La ideología que afirma que el mundo y Dios son idénticos

      6.Teólogo Católico medieval (1225-1274) y autor de la Summa Theologica, cuyas ideas han sido determinantes para la teología Católico-Romana tradicional.
  
      7. El origen del Protestantismo en el siglo XVI por el esfuerzo de hombres como Lutero, Calvino, y Zwinglio para reformar la doctrina y practica de la iglesia Católico-Romana. Enfatizó la justificación por gracia solamente mediante la fe y la autoridad exclusiva de la Biblia.

      8. El monje Católico-Romano (1483-1546) que empezó la Reforma Protestante y fue el fundador del Luteranismo.
     
      9. La doctrina que afirma que por Su muerte en nuestro favor y en nuestro lugar, Cristo nos reconcilió con Dios.
    
     10. La revolución intelectual que tuvo lugar en Europa en los siglos XVII y XVIII contra la autoridad de la iglesia y la monarquía en el nombre de la autonomía humana. También llamada la Edad de la Razón.